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El placer de viajar por negocios

Sep 20, 2018

Hoy hablamos de los viajes de negocios frente a los viajes de placer. ¿Cuáles son más estimulantes? ¡No te pierdas este post!

 

A mediados de septiembre, la gran mayoría de todos nosotros hemos vuelto a nuestro ‘destino laboral’, tras pasar un verano en otros ‘destinos’, seguro, que llenos de encantos turísticos. Viajes de placer que hemos disfrutado, pero… ¿de los que hemos sacado el máximo provecho? ¿En los que realmente nos hemos sumergido en una cultura diferente?

 

Conocer un país es más que conocer sus monumentos. Es mezclarse con sus gentes, conocer sus rutinas, observar su idiosincrasia. Pero no solo en el plano personal. Ver a estas gentes trabajar, ver cómo se desenvuelven las empresas, ver cómo funcionan los sectores económicos… nos da una idea de cómo es el país, la sociedad, de un lugar en el que somos algo más que turistas.

 

Esta reflexión es compartida por Michael Skapinker, periodista y columnista sudafricano y editor asociado de Financial Times, que en un artículo de opinión publicado en la citada cabecera, nos explica por qué, también para él, “los viajes de negocios son mejores que los viajes de placer”.

Para Skapinker, las vacaciones son importantes. Representan un paréntesis de relax, de tiempo para estar con la familia, para reflexionar… Pero, según el autor, en vacaciones “eres un consumidor”, no un partícipe del contexto que visitas. No tomas parte de lo cotidiano del lugar. Como turistas, muchas veces, somos alguien más al que atender desde la perspectiva del taxista que nos acerca a la Torre Eiffel o del camarero que nos sirve un café. ¡Sobre todo en temporada alta!

 

 

Así, en opinión de Skapinker un viaje de trabajo te permite adentrarte más en la vida cotidiana de las personas del lugar que visitas. Porque, en su opinión, de las reuniones que tienes durante el viaje con personas que viven allí, se pueden extrapolar conclusiones sobre la ciudad o el país. Aunque la materia tratada sea puramente profesional. Al hablar, por ejemplo de sus productos, de sus servicios, de sus proveedores… puedes hacerte una idea de las fortalezas o de las debilidades del contexto en el que operan.

 

Y si te adentras en una planta de producción, entiendes aún más cómo opera el país y por qué lo hace de ese modo. En este sentido, Skapinker pone un ejemplo: “Hace años, en una visita a las instalaciones de Airbus en Seattle, me llamó la atención la cantidad de trabajadores que había en la factoría en comparación con las plantas de ensamblaje de Toulousse, donde la mayor parte del trabajo estaba robotizado y donde los trabajadores eran menos y se centraban en monitorizar el trabajo de las máquinas”. Según Skapinker, esta diferencia en el número de la plantilla se basaba en las respectivas leyes laborales de cada país. Así, como la legislación francesa dificultaba el despido de trabajadores, Airbus apostó por la innovación tecnológica en Francia.

 

Pero los viajes de negocios no solo nos ayudan a saber más sobre compañías, sectores o países, sino también sobre sus gentes. Porque tras una reunión, casi seguro que surgen conversaciones de índole más personal. Estudios, experiencia, familia… son asuntos que se suelen abordar en un almuerzo de trabajo, por ejemplo.

 

Michael Skapinker recoge en el artículo algunas de sus experiencias en este sentido. “En Shanghai, por ejemplo, antes de la eliminación de las políticas que permitían tener un solo hijo en China, me reuní con una ejecutiva que tenía cuatro hijos. ¿Cómo lo hizo? Había tenido a sus hijos en Hong Kong. Y pudo hacerlo gracias a que tenía dinero”.

 

Skapinker también comparte con los lectores que, en otra ocasión, “en Belfast, tras el Acuerdo de Viernes Santo, mantuve un almuerzo con ejecutivos de una importante compañía local. La paz recientemente alcanzada era frágil. La tensión aún se palpaba en las calles. Los ejecutivos hablaron sobre su esperanza de que la situación de paz perdurase. Así, la economía crecería, el turismo se incrementaría y sus miedos desaparecerían”.

 

Con todo ello, Skapinker concluye que este tipo de percepciones no se logran en unas vacaciones. A pesar del tedio que puede producir la idea de viajar por negocios, este tipo de viajes te dan una visión privilegiada de cómo es el mundo. Puede que resulten en cierta medida estresantes, pero son lo más estimulante desde el punto de vista intelectual y cultural.